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lunes, 19 de octubre de 2009
Forrahue, a 97 de la Matanza (Parte II)
Hoy se cumplen 97 años desde la ocurrencia de aquellos brutales "desalojos" de Forrahue. Es un día de tristeza para la Fütawillimapu y para toda la Nación Mapuche, pero también es un día en el que nuestros Kuifikeche Yem nos invitan a retomar la defensa de nuestra nación y nos animan en la lucha por la recuperación de nuestra cultura, idioma y religión.
En los dos años que este blog lleva en internet he publicado varios textos acerca de la "Matanza de Forrahue", todos ellos con el ánimo de remecer espíritus y fortalecer el newen de todos aquellos peñi y lamüen que buscan información en internet. Dichas publicaciones son las siguientes:
Me parece importante explicitar que no es mi intención despertar un antichilenismo ni tampoco fomentar la venganza... lo que pretendo es generar, a partir de un conocimiento suficiente de nuestra historia de la Fütawillimapu, acciones concretas, diarias, ya sean pequeñas o grandes, que aporten a la recuperación de nuestra dignidad como nación ancestral y que nos permitan ir ejerciendo nuestro innegable derecho a la autodeterminación. Sólo eso.
Finalmente, anticipo la publicación de un cuento en Che Süngun basado en los sucesos de Forrahue, en el que a través de unas pocas líneas intento plasmar los pensamientos de aquel niño de 11 años, asesinado a balazos, quien dio su vida defendiendo su tierra. Estará disponible en formato video con traducción al Winka Süngun (sólo falta la grabación de audio, :P ).
Eso es todo, por ahora.
Kiñe füta chalisrüpun...
sábado, 26 de septiembre de 2009
Forrahue, a 97 años de la Matanza (Parte I)
En esta oportunidad no haré una reedición de los textos de 2007 y 2008, pero sí intentaré clarificar algunos puntos y aportaré algunos detalles. Para ello es necesario revisar esta publicación:
En primer lugar, el “desalojo” del 19 de octubre de 1912 corresponde al segundo intento de expulsión de nuestros peñi y l'amuen del Fundo Forrahue. El primer intento, que se efectuó el día 14 de octubre, fracasó debido a la resistencia ejercida por la comunidad y que obligó el retiro de las fuerzas policiales. Ante la negativa de dejar sus (nuestras) tierras ancestrales, la prensa de la época inventó un conflicto que sólo podía resolverse por medios violentos aduciendo la existencia de armas e “indígenas sediciosos”, por tanto era necesaria la fuerza bruta para hacer cumplir la ley. Al día siguiente, 15 de octubre, una delegación de Forrahue, entre los que se encontraba Juan Acum, se dirigió a conversar con el gobernador de Osorno para denunciar los atropellos que se estaban cometiendo en contra de los Mapunche. El resultado: fueron detenidos, acusados de estar en estado de ebriedad y de portar municiones de escopeta. Paradójicamente fueron liberados antes de la masacre, para morir defendiendo su tierra.
Posterior al primer intento de desalojo el Apo Ülmen de Sragwe (Rahue), Francisco Nailef, viajó a Santiago para realizar las gestiones necesarias para impedir la expulsión de su gente. Durante su estadía en la capital del país vecino, se desencadenarían los hechos que dan origen a estas líneas.
Después de varias relecturas de las publicaciones que he subido a este blog referentes a la “Matanza de Forrahue”, me parece que no queda suficientemente explícita la intencionalidad por parte de las fuerzas policiales chilenas de asesinar a todo Mapuche que se opusiera al cumplimiento de la ley. Si bien me es imposible precisar si nuestras l'amuen y nuestros pichikeche se interpusieron en la línea de fuego o sí había mujeres y niños dentro de la casa de Juan Acum durante las descargas inmisericordes de carabineros, resulta evidente que para quienes abrieron fuego no importó la presencia de mujeres embarazadas o niños. Una masacre cortesía de la “civilización” occidental.
En la "Matanza de Forrahue" murieron al instante 13 de nuestros hermanos y dos de los heridos fallecieron días después en el hospital de Osorno, sumando un total (oficial) de 15 mapunche ejecutados sin cargos y sin juicio previo. Respecto a los nombres de los fallecidos existen ciertas contradicciones por lo que esta vez omitiré esa información.
Los cuerpos sin vida de nuestras y nuestros inkafo (defensoras/es), los heridos y los prisioneros fueron llevados a la ciudad de Osorno en las carretas dispuestas en un principio para el acarreo de las pertenencias de los desalojados. Los cadáveres de nuestra gente fueron derivados a la morgue de la policía en donde permanecieron un par de días sin que pudiesen ser vistos por sus familiares dado que carabineros prohibió el ingreso de todo Mapuche a la ciudad. El día 22 de octubre el gobernador interino de la época, Carlos Guillermo Fuschlocher, ordenó la intempestiva sepultación de los fallecidos a eso de las tres de la mañana “para evitar perturbaciones”… la humillación en su máxima expresión.
Es así como Atanasio Burgos, usurpó tierra mapuche con el amparo de la ley chilena. Sin embargo, tanto Atanasio como su hermano Onofre murieron unos años más tarde producto de su avaricia (“el que a hierro mata,…”).
En lo que respecta al procedimiento de desalojo de Forrahue, el resto de las viviendas fueron abandonadas sin incidentes.
Otro aspecto pertinente de destacar, es la posición que tomaron algunos actores de la época frente a la carnicería ocurrida en Forrahue. A continuación revisaremos algunas citas textuales, tomadas de la tesis “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar:
- Durante una reunión realizada en la casa de Juan Acum los días 23 y 24 de octubre de 1912, Manuel Manquilef, Vicepresidente de la Sociedad Caupolicán, se dirigió a los Mapuche reunidos en Forrahue en estos términos: “…debían respetar las resoluciones judiciales, que no debían desobedecer a la autoridad, ni violar la propiedad privada como en esos momentos lo estaban haciendo. Que si algo deseaban, el señor Burgos estaba llano a concedérselos, como en efecto lo prometió allí mismo…” (Diario “La Unión”, 29 de octubre de 1912, Santiago).
- En una carta escrita por el misionero capuchino Félix de Augusta al director del diario “La Aurora” de Valdivia, publicada en el 22 de octubre de 1912, el sacerdote se pregunta “¿No era posible encontrar medio más suaves para reducir a estos indios revoltosos a la razón i entregarlos al brazo de la justicia para penar su crimen según las leyes ordinarias [sic]” y “¿No se presentan en este caso circunstancias que disminuyan en algo o tal vez mucho la culpabilidad de los indios?”. Agrega además, “concedo que la carnicería ha sido el medio más eficaz para la inmediata solución, pero no el único ni el más humano para alcanzar el mismo fin en algo más de tiempo”. En lo que respecta a la “responsabilidad” que nuestros hermanos y hermanas tuvieron en este suceso, Augusta afirma “parece que en lo de Forrahue hay lo que frecuentemente ocurre a los indios: pierden el pleito por no haber presentado a tiempo sus testigos; y por eso han perdido allí sus terrenos irreparablemente”. La carta concluye con una crítica a los usurpadores de tierras: “Quién tiene corazón cristiano, más bien renuncia a algo de sus riquezas antes que ver morir a tantas personas o verlos mutilados para siempre” (“La Aurora”, 22 de octubre de 1912).
- El senador por Valparaíso, Ángel Guarello (Partido Demócrata) criticó el accionar policial insistiendo en la responsabilidad del gobierno en el trágico desenlace de los acontecimientos. A su juicio “en esos sucesos existe delito, el delito de homicidio cometido por el jefe de carabineros encargado de dar cumplimiento a la orden judicial”, agregando que “no ha habido defensa legítima de parte de éstos [carabineros], porque los medios de defensa empleados por aquellos [Mapuche] no guardan relación con las armas de que disponía la fuerza pública” (“Sesión 5ta. estraordinaria en 22 de octubre de 1912”, en: Cámara de Senadores. Boletín de las sesiones estraordinarias en 1912 – 13. Tomo I, Imprenta Nacional, Santiago).
- El diputado Veas, dirigiéndose al presidente de la Cámara dijo “… de tiempo en tiempo i sin miramiento alguno se emplean armas de nuestro Ejército para masacrar a las clases trabajadoras sin compasión; i, dada la impunidad en que quedan estas matanzas, parece que se llevaron a efecto con el aplauso de nuestras clases dirigentes, particularmente con el aplauso del Gobierno” y que a los Mapuche (indios) “se pretende arrebatarle las tierras en que han nacido i conservado con sus esfuerzos i con el heroísmo de sus antepasados”. El diputado Veas fue más allá, pidiendo que el gobierno y el parlamento tomaran medidas “… a fin de dejar tranquilos en sus tierras a esos pobres indios, instalándose en sus verdaderas propiedades. I si por alguna casualidad ellas estuvieran gravadas, bastante derecho tienen para que el Estado pague esas deudas i los deje tranquilos en sus posesiones [sic]” (“Sesión 4ta. estraordinaria en 25 de octubre de 1912”, en: Cámara de Diputados. Boletín de las Sesiones estraordinarias en 1912-13. Tomo I. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1912, pág. 76).
- El Ministro del Interior, Barros Errázuriz, quien estuvo al tanto del proceso de desalojo desde un comienzo (ordenando actuar con “prudencia y energía”), reaccionó de la siguiente forma ante las palabras del diputado Veas: “Si los oficiales de Carabineros no han obrado con prudencia, o de una manera culpable, puede estar seguro el honorable Diputado que el Gobierno procederá contra ellos” (“Sesión 4ta. estraordinaria en 25 de octubre de 1912”, en: Cámara de Diputados. Boletín de las Sesiones estraordinarias en 1912-13. Tomo I. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1912, pág. 76).
- El fiscal militar a cargo de la investigación, Galvarino Andrade, en su informe afirma “… los carabineros procedieron en Forrahue con absoluta corrección y sin espíritu de crueldad. Agotados los medios, pacíficos y conciliadores, solo hicieron uso de sus armas, cuando fueron atacados y tuvieron bajas en su tropa [sic]”. Asimismo respecto al oficial encargado del desalojo asevera: “Cumplió el Mayor Frías con un doloroso deber, en resguardo de ser honroso y del prestigio y majestad de la ley [sic]” (Diario “El Progreso” de Osorno, 22 de noviembre de 1912).
¿Qué se puede decir de las declaraciones anteriores?
Evidentemente, en el caso de la Sociedad Caupolicán Defensora de La Araucanía vemos una actitud de resignación y complacencia que se opone fuertemente al espíritu que tomaría dicha agrupación después de la “marcación” con fuego del peñi Juan M. Painemal el año 1913.
En lo que respecta a la posición de Félix de Augusta, vemos que el sacerdote se manifiesta contrario al uso de la brutalidad, pero jamás se refiere a la legitimidad de la resistencia Mapuche y a la ilegitimidad de la ocupación chilena.
Observamos, también, una minoría parlamentaria chilena que denuncia las atrocidades cometidas por el estado y que es sofocada por las clases más acomodadas que dirigen Chile, con la venia del gobierno de turno. Es así como los asesinos quedan impunes y el atropello persiste.
Es curioso notar que todo lo que he expuesto hasta ahora parece replicarse en la actualidad.
Quizás el lector o lectora de estas líneas se pregunte el por qué escribir acerca de hechos tan dolorosos y que ocurrieron hace casi un siglo. También es probable que más de alguno o alguna piense que el autor detrás de estas letras profesa un “antichilenismo” o la separación total de la Nación Mapuche de la nación chilena...
Creo que es importante aclarar mis motivaciones y objetivos, pero eso será en otra oportunidad.
¡¡¡Fenten mañum tañi pu weñüy!!!
Fuente: Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar, Universidad Austral de Chile. Valdivia, 1991.
lunes, 30 de marzo de 2009
Acerca del Reportaje de la "Matanza de Forrahue", Diario Austral de Osorno (29.03.2009): ¿Mis palabras?
Con una grata sorpresa me enteré quee apareció el día domingo 29 de marzo (ayer) un reportaje acerca de la llamada "Matanza de Forrahue". Dicho reportaje es el que sigue:
Al llegar a la página 16, en "LOS HECHOS," noté que lo que el periodista había escrito se parecía bastante a un mal remedo de "artículo" que publiqué en este blog el año 2007 (y que mejoré el año 2008). Dichos textos son:
Versión 2007: Forrahue, a 95 años de la Matanza
Versión 2008: Forrahue, a 96 años de la Matanza
¡¡Son mis líneas.!!
Para escribir dichos "artículos" me basé en la Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar, Universidad Austral de Chile. Valdivia, 1991. De dicha tesis extraje algunas citas textuales e imágenes, específicamente del capítulo IX, págs. 107 – 151.
Para mi es evidente que la forma en que se narra la secuencia de los hechos fue tomada desde mis publicaciones y no desde la fuente original: yo utilicé términos que no aparecen en la tesis que ya he mencionado ("barricada","sruka", "parapetados", entre otros). Además las citas textuales del reportaje son parte de las que yo incorporé a mi texto (no aparece ninguna nueva).
Es claro que el mérito de tan buen trabajo es de Jorge Vergara del Solar... pero mi resumen no está nada de mal (creo yo). Además traté de incorporar una visión más cercana del significado de los acontecimientos de ese horrible 19 de octubre.
Hay dos cosas que para mi son importantes, después de leer el mencionado reportaje:
1. Me parece genial que la historia Mapuche del territorio de la Fütawillimapu sea parte de los medios de comunikación masivos de estos territorios: hay que invadir todos los medios con lo que ha sido nuestra historia para mostrarle a la sociedad chilena que aquí estamos todavía, con el firme deseo de persistir en el tiempo y de recuperar nuestro territorio.
2. Al parecer no soy tan malo con las letras (y eso que "soy" del área de los números) y siento que estoy haciendo bien en recuperar nuestra historia para que las nuevas generaciones aprendan (aprendamos) de nuestro doloroso pasado y aprendan (aprendamos) que ser Mapuche implica estar dispuesto a dar la vida, si fuese necesario, para DEFENDER a nuestra gente y nuestro territorio.
Afi ta fachi süngu.
lunes, 6 de octubre de 2008
Forrahue, a 96 años de la Matanza
Un 19 de octubre de 1912, a eso de las 5 y media de la mañana, salió desde Osorno un contingente compuesto por unos 45 carabineros y guardianes, al mando del mayor Julio Frías, rumbo al sector denominado Forrahue, ubicado a unos 15 Km. al oeste de dicha ciudad. Junto con los funcionarios policiales iba un periodista del periódico osornino “El Progreso” (de tendencia liberal) y el preceptor judicial Guillermo Soriano encargado de fiscalizar el desalojo de un grupo de familias mapunche, “ocupantes ilegales” de los terrenos del llamado Fundo Forrahue. Dicha orden de desalojo fue dictaminada a favor del particular Atanasio Burgos Villalobos quien, habiendo agotado todos los medios judiciales y extra-judiciales para legitimar la propiedad de los terrenos adquiridos fraudulentamente por su padre, logró obtener una sentencia judicial para expulsar a las y los mapuche de las tierras que ancestralmente habían habitado.
Por esos días el Apo Ülmen Francisco Nailef, del territorio de Sragwe (jurisdicción de Rahue), se encontraba en Santiago haciendo todas las gestiones posibles con las autoridades chilenas para evitar el desalojo. Importante es mencionar que Atanasio Burgos había amenazado con sacarle la cabeza al Cacique (y patearla), si éste presentaba el caso a las autoridades de la capital chilena. Lógicamente, Nailef no se iba a dejar amedrentar por las amenazas de Burgos y, como legitima autoridad tradicional, hizo lo que tenía que hacer. Lamentablemente, las gestiones del Apo Úlmen no impidieron los trágicos sucesos posteriores… pero continuemos con los hechos.
A las siete y media de la mañana, el contingente policial llega a las casas del fundo de Atanasio Burgos. Allí esperaban 25 carretas que acarrearían las pertenencias de los desalojados. Serían esas mismas carretas las que transportarían, más tarde, los cadáveres de aquellos que dieron su vida en la defensa de la tierra.
Del fundo de Burgos salió, nuevamente, el contingente policial rumbo a la sruka de Juan Acum, la primera de 18 casas a ser desalojadas y la más grande. En el trayecto la tensión aumenta con el sonido guerrero de la trutruka, que anuncia un inminente enfrentamiento…
El mayor Frías ordena a algunos hombres adelantarse y explorar el lugar. Los exploradores informan que los inkafo (defensores) están concentrados en la casa de Acum y que el camino se encuentra bloqueado con grandes troncos. Con un par de yuntas de bueyes logran despejar el camino y acercarse a su objetivo. Frías ordena desmontar a quince hombres y disponerse en formación de tiradores.
La vivienda de Juan Acum se encontraba en el fondo de una ladera y rodeada de “barricadas” para impedir el paso de carabineros. Desgraciadamente estos dos factores facilitaron a la fuerza pública la acción de disparar sus fusiles Mauser, armas letales de gran alcance. La estrategia de defensa Mapuche fue la siguiente: fuera de la casa de Acum se encontraban algunas mujeres y niños provistos de garrotes para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Era previsible que carabineros trataría de capturarlos y alejarlos de la casa sin una excesiva violencia (sin disparar). Por su parte, la mayor parte de la resistencia se parapetó dentro de la casa esperando la entrada de los efectivos policiales. En total hablamos de unos 25 weichafo (guerreras/os) dispuestos a resistir el desalojo.

Por esos días el Apo Ülmen Francisco Nailef, del territorio de Sragwe (jurisdicción de Rahue), se encontraba en Santiago haciendo todas las gestiones posibles con las autoridades chilenas para evitar el desalojo. Importante es mencionar que Atanasio Burgos había amenazado con sacarle la cabeza al Cacique (y patearla), si éste presentaba el caso a las autoridades de la capital chilena. Lógicamente, Nailef no se iba a dejar amedrentar por las amenazas de Burgos y, como legitima autoridad tradicional, hizo lo que tenía que hacer. Lamentablemente, las gestiones del Apo Úlmen no impidieron los trágicos sucesos posteriores… pero continuemos con los hechos.
A las siete y media de la mañana, el contingente policial llega a las casas del fundo de Atanasio Burgos. Allí esperaban 25 carretas que acarrearían las pertenencias de los desalojados. Serían esas mismas carretas las que transportarían, más tarde, los cadáveres de aquellos que dieron su vida en la defensa de la tierra.
Del fundo de Burgos salió, nuevamente, el contingente policial rumbo a la sruka de Juan Acum, la primera de 18 casas a ser desalojadas y la más grande. En el trayecto la tensión aumenta con el sonido guerrero de la trutruka, que anuncia un inminente enfrentamiento…
El mayor Frías ordena a algunos hombres adelantarse y explorar el lugar. Los exploradores informan que los inkafo (defensores) están concentrados en la casa de Acum y que el camino se encuentra bloqueado con grandes troncos. Con un par de yuntas de bueyes logran despejar el camino y acercarse a su objetivo. Frías ordena desmontar a quince hombres y disponerse en formación de tiradores.
La vivienda de Juan Acum se encontraba en el fondo de una ladera y rodeada de “barricadas” para impedir el paso de carabineros. Desgraciadamente estos dos factores facilitaron a la fuerza pública la acción de disparar sus fusiles Mauser, armas letales de gran alcance. La estrategia de defensa Mapuche fue la siguiente: fuera de la casa de Acum se encontraban algunas mujeres y niños provistos de garrotes para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Era previsible que carabineros trataría de capturarlos y alejarlos de la casa sin una excesiva violencia (sin disparar). Por su parte, la mayor parte de la resistencia se parapetó dentro de la casa esperando la entrada de los efectivos policiales. En total hablamos de unos 25 weichafo (guerreras/os) dispuestos a resistir el desalojo.

Subinspector Valenzuela, oficial que participó de la Matanza
Periódico "La Aurora", 27 de octubre de 1912, Valdivia
Periódico "La Aurora", 27 de octubre de 1912, Valdivia
Según el informe del mayor Frías, leído por el Ministro del Interior el 21 de octubre de 1912 en la Cámara del Senado, las/os mapunche refugiados en la casa estaban armados de “armas de fuego, otros con palos i horquetas i algunas mujeres con tiestos de agua caliente [sic]”. En el recuento de armas, posterior al desenlace fatal del desalojo, los Mapuche supuestamente tenían “cuatro escopetas, un rifle, siete cuchillos, una lanza antigua, tres machetes, dos hechonas, una hacha, un fierro largo, un martillo i cuarenta i tres garrotes [sic]”. Nos adelantamos un poco. Volvamos a la secuencia de los acontecimientos.
El mayor Frías, una vez leída la orden de desalojo, se acercó a la vivienda para ordenarles a los parapetados ocupantes que salieran del inmueble y que no se resistieran, debido a que cualquier acto de defensa sería inútil y traería fatales consecuencias. La respuesta no podía ser otra: “los indios me contestaban diciéndome que estaban todos dispuestos a morir i que ni siquiera me atreviera siquiera a atacarlos [sic]”. Así estuvo unos diez minutos hasta que dio la orden de desalojar a los “usurpadores”.
Es así como los efectivos policiales se abalanzaron sobre las mujeres y los niños que estaban fuera de la casa para retirarlos de la línea de fuego. Pero las malgen y los pichikeche, resistieron heroicamente logrando herir a algunos carabineros. Al ser detenidas algunas mujeres, salen de la casa dos wentru, los más “fornidos”. A uno de ellos, Francisco Acum, se le vinieron encima tres carabineros. Al respecto el periodista de “El Progreso” escribe: “haciendo un verdadero derroche de fuerza echó a tierra sus contrincantes, en vista de lo cual, se avalanzaron otros tres carabineros, logrando de amarrarlo después de asertarle algunos golpes en diversas partes del cuerpo [sic]”.
Según Frías y el periodista de “El Progreso”, durante la reyerta (supuestamente) se produce un disparo desde el interior de la casa que hiere en el abdomen a un sargento de carabineros de apellido Arias, en el instante preciso que recibía un garrotazo en la cabeza por parte de una malgen. No se ha podido determinar si la bala que hirió a Arias efectivamente salió de un arma disparada por algún mapunche o fue disparada por otro carabinero en forma accidental (lo más probable). Aparte del sargento Arias, resultaron heridos otros seis carabineros por garrotazos y quemaduras con agua caliente, pero que en la balanza no representaron riesgo vital alguno.
Al ver que la resistencia mapuche no mermaba, Frías ordena a su tropa hacer la primera descarga al interior de la vivienda. Según el mismo mayor, después de la primera descarga algunos mapuche, armados, salen de la casa y huyen hacia el monte sin hacer fuego sobre ellos. Esto último es, por lo menos, extraño: si tenían armas para defenderse, ¿Por qué no las emplearon? ¿O es que dichas armas nunca existieron?
El mayor Frías, una vez leída la orden de desalojo, se acercó a la vivienda para ordenarles a los parapetados ocupantes que salieran del inmueble y que no se resistieran, debido a que cualquier acto de defensa sería inútil y traería fatales consecuencias. La respuesta no podía ser otra: “los indios me contestaban diciéndome que estaban todos dispuestos a morir i que ni siquiera me atreviera siquiera a atacarlos [sic]”. Así estuvo unos diez minutos hasta que dio la orden de desalojar a los “usurpadores”.
Es así como los efectivos policiales se abalanzaron sobre las mujeres y los niños que estaban fuera de la casa para retirarlos de la línea de fuego. Pero las malgen y los pichikeche, resistieron heroicamente logrando herir a algunos carabineros. Al ser detenidas algunas mujeres, salen de la casa dos wentru, los más “fornidos”. A uno de ellos, Francisco Acum, se le vinieron encima tres carabineros. Al respecto el periodista de “El Progreso” escribe: “haciendo un verdadero derroche de fuerza echó a tierra sus contrincantes, en vista de lo cual, se avalanzaron otros tres carabineros, logrando de amarrarlo después de asertarle algunos golpes en diversas partes del cuerpo [sic]”.
Según Frías y el periodista de “El Progreso”, durante la reyerta (supuestamente) se produce un disparo desde el interior de la casa que hiere en el abdomen a un sargento de carabineros de apellido Arias, en el instante preciso que recibía un garrotazo en la cabeza por parte de una malgen. No se ha podido determinar si la bala que hirió a Arias efectivamente salió de un arma disparada por algún mapunche o fue disparada por otro carabinero en forma accidental (lo más probable). Aparte del sargento Arias, resultaron heridos otros seis carabineros por garrotazos y quemaduras con agua caliente, pero que en la balanza no representaron riesgo vital alguno.
Al ver que la resistencia mapuche no mermaba, Frías ordena a su tropa hacer la primera descarga al interior de la vivienda. Según el mismo mayor, después de la primera descarga algunos mapuche, armados, salen de la casa y huyen hacia el monte sin hacer fuego sobre ellos. Esto último es, por lo menos, extraño: si tenían armas para defenderse, ¿Por qué no las emplearon? ¿O es que dichas armas nunca existieron?
Guardíán de Policía Blas Martínez, herido en la cabeza durante el desalojo.
Periódico "La Aurora", 27 de octubre de 1912, Valdivia
Periódico "La Aurora", 27 de octubre de 1912, Valdivia
Frías ordena una segunda descarga. Gritos desgarradores se escuchan desde el interior de la vivienda. No obstante aquello, es probablemente que hubiera una tercera descarga, tal como afirmaron algunos testigos. Queda en evidencia que el procedimiento realizado por carabineros no corresponde a un desalojo. Lo que aconteció esa mañana fue una inmisericorde ejecución.
Una vez que cesaron los disparos, carabineros hace ingreso a la sruka de Acum. El periodista de “El Progreso” relata:
“Sobre aquel sinnúmero de cadáveres y heridos, que habían quedado tendidos en el suelo, lograron después reducirlos, comprobándose que algunos de ellos estaban heridos y, sin embargo luchaban.
La bravura de los indios, es verdaderamente innarrable, pues si una gota de sangre les queda en sus venas, la pierden defendiendo su causa.
El cuadro que presentaba la habitación, repleta de muertos y heridos era desgarrador, horroroso.
La sangre, humeante, aun corría por todas partes”.
Frías también destacó la valentía Mapuche en la defensa de su tierra, en declaraciones al periódico santiaguino “La Unión” (ligado al partido Conservador), el 30 de octubre de 1912, afirmó:
“Y la bravura de la mujer indígena es más grande aún que la de los indios. Hasta los niños! En vez de asustarse de las balas, miraban todo con la mayor impasividad… Ninguno se rindió! Qué raza!”
Una descendiente de un testigo cuenta:
“Y un viejito Acum estaba escondido en un hoyo de esa casa. Llegaron, dispararon, los mataron. Este viejito se estaba haciendo el muerto y de repente entra un teniente a taparlo, a darle un puntapié y el viejito se levanta con su palo y le planta un palo al teniente. Y en eso el teniente le mete como cuatro o cinco tiros, lo dejó allí mismo al pobrecito”.
Pasado el mediodía carabineros conducía en carreta a los muertos, heridos y prisioneros hacia la casa del usurpador Burgos, donde los heridos habrían recibido las primeras atenciones médicas. Siguieron más desalojos en las casas vecinas sin mayor resistencia por parte de los, una vez más, humillados y pisoteados Mapuche. A eso de las dos y media, la tropa vuelve a Osorno con ocho carretas que llevan prisioneros, heridos, muertos y el dolor de un Pueblo.
Una vez que cesaron los disparos, carabineros hace ingreso a la sruka de Acum. El periodista de “El Progreso” relata:
“Sobre aquel sinnúmero de cadáveres y heridos, que habían quedado tendidos en el suelo, lograron después reducirlos, comprobándose que algunos de ellos estaban heridos y, sin embargo luchaban.
La bravura de los indios, es verdaderamente innarrable, pues si una gota de sangre les queda en sus venas, la pierden defendiendo su causa.
El cuadro que presentaba la habitación, repleta de muertos y heridos era desgarrador, horroroso.
La sangre, humeante, aun corría por todas partes”.
Frías también destacó la valentía Mapuche en la defensa de su tierra, en declaraciones al periódico santiaguino “La Unión” (ligado al partido Conservador), el 30 de octubre de 1912, afirmó:
“Y la bravura de la mujer indígena es más grande aún que la de los indios. Hasta los niños! En vez de asustarse de las balas, miraban todo con la mayor impasividad… Ninguno se rindió! Qué raza!”
Una descendiente de un testigo cuenta:
“Y un viejito Acum estaba escondido en un hoyo de esa casa. Llegaron, dispararon, los mataron. Este viejito se estaba haciendo el muerto y de repente entra un teniente a taparlo, a darle un puntapié y el viejito se levanta con su palo y le planta un palo al teniente. Y en eso el teniente le mete como cuatro o cinco tiros, lo dejó allí mismo al pobrecito”.
Pasado el mediodía carabineros conducía en carreta a los muertos, heridos y prisioneros hacia la casa del usurpador Burgos, donde los heridos habrían recibido las primeras atenciones médicas. Siguieron más desalojos en las casas vecinas sin mayor resistencia por parte de los, una vez más, humillados y pisoteados Mapuche. A eso de las dos y media, la tropa vuelve a Osorno con ocho carretas que llevan prisioneros, heridos, muertos y el dolor de un Pueblo.
Bala encontrada en la casa de Juan Acum, lugar en el que se produjo la ejecución
Diario "La Unión", 31 de octubre de 1912, Santiago
Diario "La Unión", 31 de octubre de 1912, Santiago
Como consecuencia del brutal desalojo, oficialmente se habló de 13 asesinados. Sin embargo, contrastando con informaciones de prensa, serían al menos 15 mapunche a los que se les arrebató la vida: 8 mujeres y 7 hombres. Entre estos quince inkafo se encontraba un niño de tan sólo 11 años y tres mujeres embarazadas que sumarían tres vidas más. No olvidemos a, al menos, 10 hermanos mapunche que resultaron heridos en este acto de barbarie.
Me detengo aquí, un momento, para hacer la siguiente pregunta ¿Es sustancialmente distinto el procedimiento irracional, brutal e inhumano empleado por las fuerzas policiales en el desalojo descrito con el procedimiento utilizado actualmente en los sistemáticos allanamientos a comunidades como Temucuicui?
Respecto al número de disparos efectuados aquel 19 de octubre, el Fiscal Militar a cargo de la investigación determinó que se efectuaron de 20 a 25. Sin embargo, tan solo los heridos tenían 24 heridas de bala sin considerar a los 15 mapunche ejecutados extrajudicialmente. Un periodista del diario santiaguino “La Unión” que visitó Forrahue, con dirigentes de la Sociedad Caupolican (que tuvo una postura vergonzosa frente a los hechos acaecidos), contabilizó un mínimo de 60 disparos. En la edición del 21 de octubre de 1912 del periódico “La Unión” se lee:
“Las tablas de la cocina o pieza común donde se concentraron los indios han sido desprendidas o macheteadas en los puntos donde dieron los disparos, precaución tomada por los carabineros para borrar las huellas, según dijeron los indios”.
(Como el lector podrá darse cuenta, por suerte las fuerzas armadas y de orden de Chile históricamente han sido tan incompetentes que al momento de borrar los indicios de las innumerables atrocidades que han cometido, siempre dejan más certezas de su actuación.)
Me detengo aquí, un momento, para hacer la siguiente pregunta ¿Es sustancialmente distinto el procedimiento irracional, brutal e inhumano empleado por las fuerzas policiales en el desalojo descrito con el procedimiento utilizado actualmente en los sistemáticos allanamientos a comunidades como Temucuicui?
Respecto al número de disparos efectuados aquel 19 de octubre, el Fiscal Militar a cargo de la investigación determinó que se efectuaron de 20 a 25. Sin embargo, tan solo los heridos tenían 24 heridas de bala sin considerar a los 15 mapunche ejecutados extrajudicialmente. Un periodista del diario santiaguino “La Unión” que visitó Forrahue, con dirigentes de la Sociedad Caupolican (que tuvo una postura vergonzosa frente a los hechos acaecidos), contabilizó un mínimo de 60 disparos. En la edición del 21 de octubre de 1912 del periódico “La Unión” se lee:
“Las tablas de la cocina o pieza común donde se concentraron los indios han sido desprendidas o macheteadas en los puntos donde dieron los disparos, precaución tomada por los carabineros para borrar las huellas, según dijeron los indios”.
(Como el lector podrá darse cuenta, por suerte las fuerzas armadas y de orden de Chile históricamente han sido tan incompetentes que al momento de borrar los indicios de las innumerables atrocidades que han cometido, siempre dejan más certezas de su actuación.)
De derecha a izquierda: Jorge Hernández, tesorero de la Sociedad Caupolicán, Antonio Neculman, presidente de la Sociedad Caupolicán, señalado con una cruz, Apo Ülmen Francisco Nailef de Rahue, señalado con dos cruces, y Belisario Gálvez, redactor del diario "La Unión" quien aparece con tres cruces.
Diario "La Unión", 31 de octubre de 1912, Santiago
Diario "La Unión", 31 de octubre de 1912, Santiago
Ahondar en los detalles posteriores y las consecuencias de lo que la historia ha llamado “La Matanza de Forrahue” es tarea del lector de estas humildes líneas. Me contento con centrarnos en el ejemplo de valor, resistencia y dignidad de los hermanos y hermanas heridos y asesinados por defender el legado de nuestros ancestros: la tierra. No pretendo hacer de esta humillante y triste derrota una épica y magnánima victoria, como lo ha hecho la historia chilena con el hundimiento de la Esmeralda y la muerte de Arturo Prat. Una derrota es una derrota. Y punto. Claro está, que hay un abismal diferencia entre ser derrotado con la frente en alto y dejarse derrotar. Pero tampoco nos vayamos a los extremos. Si bien el Pueblo-Nación Mapuche ha sido derrotado en muchas ocasiones y de muchas maneras, aún estamos vivos y tenemos muchas batallas que ganar: recuperar nuestra antigua religión, recuperar nuestro territorio ancestral y el respeto por nuestros mayores, hablar nuestro idioma, recuperar el equilibrio biológico de la Ñuke Mapu (los Pueblos Originarios somos la salvación de este planeta y la alternativa al modelo económico, social y cultural imperante), derribar los actuales conceptos de “desarrollo”, “progreso” y “crecimiento”, recuperar un estilo de vida más sano, fortalecer la familia, revitalizar el diálogo y el contacto interpersonal, recuperar la alimentación sana que teníamos, realizar más actividad física, reaprender a disfrutar de las cosas simples, y… qué sé yo.
De todas las batallas que nos quedan, tenemos que empezar por la más difícil: por la interna, la del día a día. Creo que cada mapunche está consciente de “esa” lucha interior que tiene que ganar, así que nada más diré (escribiré) al respecto.
No debemos olvidar ejemplos de lucha y dignidad como el de los peñi y lamuen ejecutados en Forrahue, cuyos cadáveres aún no sabemos dónde están, o el del weche Alex Lemun Saavedra, también ejecutado extrajudicialmente por carabineros de Chile teniendo sólo 17 años de edad.
No debemos parar en la búsqueda de justicia.
De todas las batallas que nos quedan, tenemos que empezar por la más difícil: por la interna, la del día a día. Creo que cada mapunche está consciente de “esa” lucha interior que tiene que ganar, así que nada más diré (escribiré) al respecto.
No debemos olvidar ejemplos de lucha y dignidad como el de los peñi y lamuen ejecutados en Forrahue, cuyos cadáveres aún no sabemos dónde están, o el del weche Alex Lemun Saavedra, también ejecutado extrajudicialmente por carabineros de Chile teniendo sólo 17 años de edad.
No debemos parar en la búsqueda de justicia.
“Por cada mapuche caído, diez más nos levantamos”
En memoria de Matías Katrilew
IMPORTANTE: esta es una actualización del texto titulado "Forrahue, a 95 años de la Matanza" que publiqué en este mismo blog. Dicha publicación se puede ver >>>AQUÍ<<<. Respecto a la cantidad de ejecutados en Forrahue, la cifra "oficial" es 13 ... pero de acuerdo al relato oral, es altamente probable que el total de ejecutados supere ampliamente la veintena..
Fuentes:
Para escribir este remedo de ensayo me basé en la información contenida en la Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar, Universidad Austral de Chile. Valdivia, 1991. De esta tesis extraje algunas citas textuales e imágenes (cuya calidad no es muy buena), específicamente del capítulo IX, págs. 107 – 151.
Léxico:
Apo Ülmen: Cacique, máxima autoridad no militar de la organización político-judicial Mapuche en el territorio de la FütaWilliMapu (Gran Territorio Mapuche del Sur).
Inkafo: defensor/a
Lamuen: hermana (visto por el hombre); hermano, hermana (visto por la mujer).
Malgen: mujer
Mapunche: antigua denominación de identidad, de pertenencia al Pueblo Mapuche (mi laku, abuelo paterno, la empleaba).
Ñuke Mapu: Madre Tierra. En un sentido más amplio podría traducirse como “universo” (nótese las cualidades femeninas).
Peñi: hermano (visto sólo por el hombre).
Pichikeche: niños, “literalmente” “gente pequeña”.
Sruka (Ruka): casa
Trutruka: instrumento de viento construido con un colihue hueco, de 1,5 a 2 metros de longitud, y un cuerno de vacuno dispuesto en un extremo como amplificador de sonido (antiguamente era un trenzado vegetal). Uso ritual y bélico.
Weche: joven, “literalmente” “gente o persona nueva”
Weichafo: guerrero/a. Weichan: (verbo) luchar, batallar; -fo, -jo, -fe: morfema que indica la persona (no gramatical) que realiza la acción contenida en el verbo. Por tanto, una traducción más “literal” es “aquel que lucha”.
Wentru: hombre
____________________________
* Se realizaron algunas modificaciones sin alterar el espíritu original del texto el 19.10.2018.
Inkafo: defensor/a
Lamuen: hermana (visto por el hombre); hermano, hermana (visto por la mujer).
Malgen: mujer
Mapunche: antigua denominación de identidad, de pertenencia al Pueblo Mapuche (mi laku, abuelo paterno, la empleaba).
Ñuke Mapu: Madre Tierra. En un sentido más amplio podría traducirse como “universo” (nótese las cualidades femeninas).
Peñi: hermano (visto sólo por el hombre).
Pichikeche: niños, “literalmente” “gente pequeña”.
Sruka (Ruka): casa
Trutruka: instrumento de viento construido con un colihue hueco, de 1,5 a 2 metros de longitud, y un cuerno de vacuno dispuesto en un extremo como amplificador de sonido (antiguamente era un trenzado vegetal). Uso ritual y bélico.
Weche: joven, “literalmente” “gente o persona nueva”
Weichafo: guerrero/a. Weichan: (verbo) luchar, batallar; -fo, -jo, -fe: morfema que indica la persona (no gramatical) que realiza la acción contenida en el verbo. Por tanto, una traducción más “literal” es “aquel que lucha”.
Wentru: hombre
____________________________
* Se realizaron algunas modificaciones sin alterar el espíritu original del texto el 19.10.2018.
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lunes, 15 de octubre de 2007
Forrahue, a 95 años de la Matanza
Un 19 de octubre de 1912, a eso de las 5 y media de la mañana, salió desde Osorno un contingente compuesto por unos 45 carabineros y guardianes, al mando del mayor Julio Frías, rumbo al sector denominado Forrahue, ubicado a unos 15 Km. al oeste de dicha ciudad. Junto con los funcionarios policiales iba un periodista del periódico osornino “El Progreso” (de tendencia liberal) y el preceptor judicial Guillermo Soriano encargado de fiscalizar el desalojo de un grupo de familias Mapuche, “ocupantes ilegales” de los terrenos del llamado Fundo Forrahue. Dicha orden de desalojo fue dictaminada a favor del particular Atanasio Burgos Villalobos quien, habiendo agotado todos los medios judiciales y extra-judiciales para legitimar la propiedad de los terrenos adquiridos fraudulentamente por su padre, logró obtener una sentencia judicial para expulsar a los Mapuche de las tierras que ancestralmente habían habitado.
Por esos días el Apo Ülmen Nailef, de la jurisdicción de Rahue, se encontraba en Santiago haciendo todas las gestiones posibles con las autoridades chilenas para evitar el desalojo. Importante es mencionar que Atanasio Burgos había amenazado con sacarle la cabeza al Cacique (y patearla), si éste presentaba el caso a las autoridades de la capital chilena. Lógicamente, Nailef no se iba a dejar amedrentar por las amenazas de Burgos y, como legitima autoridad tradicional, hizo lo que tenía que hacer. Lamentablemente, las gestiones del Apo Úlmen no impidieron los trágicos sucesos posteriores… pero continuemos con los hechos.
A las siete y media de la mañana, el contingente policial llega a las casas del fundo de Atanasio Burgos. Allí esperaban 25 carretas que acarrearían las pertenencias de los desalojados. Serían esas mismas carretas las que transportarían, más tarde, los cadáveres de aquellos que dieron su vida en la defensa de la tierra.
Del fundo de Burgos salió, nuevamente, el contingente policial rumbo a la sruka de Juan Acum, la primera de 18 casas a ser desalojadas y la más grande. En el trayecto la tensión aumenta con el sonido guerrero de la trutruka, que anuncia un inminente enfrentamiento…
El mayor Frías ordena a algunos hombres adelantarse y explorar el lugar. Los exploradores informan que los weichafü están concentrados en la casa de Acum y que el camino se encuentra bloqueado con grandes troncos. Con un par de yuntas de bueyes logran despejar el camino y acercarse a su objetivo. Frías ordena desmontar a quince hombres y disponerse en formación de tiradores.
La vivienda de Juan Acum se encontraba en el fondo de una ladera y rodeada de “barricadas” para impedir el paso de carabineros. Desgraciadamente estos dos factores facilitaron a la fuerza pública la acción de disparar sus fusiles Mauser, armas letales de gran alcance. La estrategia de defensa Mapuche fue la siguiente: fuera de la casa de Acum se encontraban algunas mujeres y niños provistos de garrotes para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Era previsible que carabineros trataría de capturarlos y alejarlos de la casa sin una excesiva violencia (sin disparar). Por su parte, la mayor parte de la resistencia se parapetó dentro de la casa esperando la entrada de los efectivos policiales. En total hablamos de unos 25 weichafü dispuestos a resistir el desalojo.
Según el informe del mayor Frías, leído por el Ministro del Interior el 21 de octubre de 1912 en la Cámara del Senado, los Mapunche refugiados en la casa estaban armados de “armas de fuego, otros con palos i horquetas i algunas mujeres con tiestos de agua caliente [sic]”. En el recuento de armas, posterior al desenlace fatal del desalojo, los Mapuche supuestamente tenían “cuatro escopetas, un rifle, siete cuchillos, una lanza antigua, tres machetes, dos hechonas, una hacha, un fierro largo, un martillo i cuarenta i tres garrotes [sic]”. Nos adelantamos un poco. Volvamos a la secuencia de los acontecimientos.
El mayor Frías, una vez leída la orden de desalojo, se acercó a la vivienda para ordenarles a los parapetados ocupantes que salieran del inmueble y que no se resistieran, debido a que cualquier acto de defensa sería inútil y traería fatales consecuencias. La respuesta no podía ser otra: “los indios me contestaban diciéndome que estaban todos dispuestos a morir i que ni siquiera me atreviera siquiera a atacarlos [sic]”. Así estuvo unos diez minutos hasta que dio la orden de desalojar a los “usurpadores”.
Es así como los efectivos policiales se abalanzaron sobre las mujeres y los niños que estaban fuera de la casa para retirarlos de la línea de fuego. Pero las malgen y los pichikeche, resistieron heroicamente logrando herir a algunos carabineros. Al ser detenidas algunas mujeres, salen de la casa dos wentru, los más “fornidos”. A uno de ellos, Francisco Acum, se le vinieron encima tres carabineros. Al respecto el periodista de “El Progreso” escribe: “haciendo un verdadero derroche de fuerza echó a tierra sus contrincantes, en vista de lo cual, se avalanzaron otros tres carabineros, logrando de amarrarlo después de asertarle algunos golpes en diversas partes del cuerpo [sic]”.
Según Frías y el periodista de “El Progreso”, durante la reyerta (supuestamente) se produce un disparo desde el interior de la casa que hiere en el abdomen a un sargento de carabineros de apellido Arias, en el instante preciso que recibía un garrotazo en la cabeza por parte de una malgen. No se ha podido determinar si la bala que hirió a Arias efectivamente salió de un arma disparada por algún Mapunche o fue disparada por otro carabinero en forma accidental (lo más probable). Aparte del sargento Arias, resultaron heridos otros seis carabineros por garrotazos y quemaduras con agua caliente, pero que en la balanza no representaron riesgo vital alguno.
Al ver que la resistencia Mapuche no mermaba, Frías ordena a su tropa hacer la primera descarga al interior de la vivienda. Según el mismo mayor, después de la primera descarga algunos Mapuche, armados, salen de la casa y huyen hacia el monte sin hacer fuego sobre ellos. Esto último es, por lo menos, extraño: si tenían armas para defenderse, ¿Por qué no las emplearon? ¿O es que dichas armas nunca existieron?
Frías ordena una segunda descarga. Gritos desgarradores se escuchan desde el interior de la vivienda. No obstante aquello, es probablemente que hubiera una tercera descarga, tal como afirmaron algunos testigos. Queda en evidencia que el procedimiento realizado por carabineros no corresponde a un desalojo. Lo que aconteció esa mañana fue una inmisericorde ejecución.
Una vez que cesaron los disparos, carabineros hace ingreso a la sruka de Acum. El periodista de “El Progreso” relata:
“Sobre aquel sinnúmero de cadáveres y heridos, que habían quedado tendidos en el suelo, lograron después reducirlos, comprobándose que algunos de ellos estaban heridos y, sin embargo luchaban.
La bravura de los indios, es verdaderamente innarrable, pues si una gota de sangre les queda en sus venas, la pierden defendiendo su causa.
El cuadro que presentaba la habitación, repleta de muertos y heridos era desgarrador, horroroso.
La sangre, humeante, aun corría por todas partes”.
Frías también destacó la valentía Mapuche en la defensa de su tierra, en declaraciones al periódico santiaguino “La Unión” (ligado al partido Conservador), el 30 de octubre de 1912, afirmó:
“Y la bravura de la mujer indígena es más grande aún que la de los indios. Hasta los niños! En vez de asustarse de las balas, miraban todo con la mayor impasividad… Ninguno se rindió! Qué raza!”
Una descendiente de un testigo cuenta:
“Y un viejito Acum estaba escondido en un hoyo de esa casa. Llegaron, dispararon, los mataron. Este viejito se estaba haciendo el muerto y de repente entra un teniente a taparlo, a darle un puntapié y el viejito se levanta con su palo y le planta un palo al teniente. Y en eso el teniente le mete como cuatro o cinco tiros, lo dejó allí mismo al pobrecito”.
Pasado el mediodía carabineros conducía en carreta a los muertos, heridos y prisioneros hacia la casa del usurpador Burgos, donde los heridos habrían recibido las primeras atenciones médicas. Siguieron más desalojos en las casas vecinas sin mayor resistencia por parte de los, una vez más, humillados y pisoteados Mapuche. A eso de las dos y media, la tropa vuelve a Osorno con ocho carretas que llevan prisioneros, heridos, muertos y el dolor de un Pueblo.
Como consecuencia del brutal desalojo, 15 Mapunche perdieron la vida: 8 mujeres y 7 hombres. Entre estos quince weichafü se encontraba un niño de tan sólo 11 años y tres mujeres embarazadas. No olvidemos a los 10 hermanos Mapuche que resultaron heridos en este acto de barbarie.
Me detengo aquí, un momento, para hacer la siguiente pregunta ¿Es sustancialmente distinto el procedimiento irracional, brutal e inhumano de las fuerzas policiales empleado en el desalojo descrito con el procedimiento con el que, actualmente, se realizan sistemáticos allanamientos en comunidades como Temucuicui?
Respecto al número de disparos efectuados aquel 19 de octubre, el Fiscal Militar a cargo de la investigación determinó que se efectuaron de 20 a 25. Sin embargo, tan solo los heridos tenían 24 heridas de bala sin considerar a los 15 Mapuche ejecutados extrajudicialmente. Un periodista del diario santiaguino “La Unión” que visitó Forrahue, con dirigentes de la Sociedad Caupolican (que tuvo una postura vergonzosa frente a los hechos acaecidos), contabilizó un mínimo de 60 disparos. En la edición del 21 de octubre de 1912 del periódico “La Unión” se lee:
“Las tablas de la cocina o pieza común donde se concentraron los indios han sido desprendidas o macheteadas en los puntos donde dieron los disparos, precaución tomada por los carabineros para borrar las huellas, según dijeron los indios”.
(Como el lector podrá darse cuenta, por suerte las fuerzas armadas y de orden de este país históricamente han sido tan incompetentes que al momento de borrar los indicios de las innumerables atrocidades que han cometido, siempre dejan más certezas de su actuación.)
Ahondar en los detalles posteriores y las consecuencias de lo que la historia ha llamado “La Matanza de Forrahue” es tarea del lector de estas humildes líneas. Me contento con centrarnos en el ejemplo de valor, resistencia y dignidad de los hermanos y hermanas heridos y asesinados por defender el legado de nuestros ancestros: la tierra. No pretendo hacer de esta humillante y triste derrota una épica y magnánima victoria, como lo ha hecho la historia chilena con el hundimiento de la Esmeralda y la muerte de Arturo Prat. Una derrota es una derrota. Y punto. Claro está, que hay un abismal diferencia entre ser derrotado con la frente en alto y dejarse derrotar. Pero tampoco nos vayamos a los extremos. Si bien el Pueblo-Nación Mapuche ha sido derrotado en muchas ocasiones y de muchas maneras, aún estamos vivos y tenemos muchas batallas que ganar: recuperar nuestra antigua religión, recuperar nuestro territorio ancestral y el respeto por nuestros mayores, hablar nuestro idioma, recuperar el equilibrio biológico de la Ñuke Mapu (los Pueblos Originarios somos la salvación de este planeta y la alternativa al modelo económico, social y cultural imperante), derribar los actuales conceptos de “desarrollo”, “progreso” y “crecimiento”, recuperar un estilo de vida más sano, fortalecer la familia, revitalizar el diálogo y el contacto interpersonal, recuperar la alimentación sana que teníamos, realizar más actividad física, reaprender a disfrutar de las cosas simples, y… que sé yo.
De todas las batallas que nos quedan, tenemos que empezar por la más difícil: por la interna, la del día a día. Creo que cada Mapunche está conciente de “esa” lucha interior que tiene que ganar, así que nada más diré (escribiré) al respecto.
No debemos olvidar ejemplos de lucha y dignidad como el de los peñi y lamüen ejecutados en Forrahue o el del weche Alex Lemun Saavedra, también ejecutado extrajudicialmente por carabineros de Chile teniendo sólo 17 años de edad.
No debemos parar en la búsqueda de justicia.
Por esos días el Apo Ülmen Nailef, de la jurisdicción de Rahue, se encontraba en Santiago haciendo todas las gestiones posibles con las autoridades chilenas para evitar el desalojo. Importante es mencionar que Atanasio Burgos había amenazado con sacarle la cabeza al Cacique (y patearla), si éste presentaba el caso a las autoridades de la capital chilena. Lógicamente, Nailef no se iba a dejar amedrentar por las amenazas de Burgos y, como legitima autoridad tradicional, hizo lo que tenía que hacer. Lamentablemente, las gestiones del Apo Úlmen no impidieron los trágicos sucesos posteriores… pero continuemos con los hechos.
A las siete y media de la mañana, el contingente policial llega a las casas del fundo de Atanasio Burgos. Allí esperaban 25 carretas que acarrearían las pertenencias de los desalojados. Serían esas mismas carretas las que transportarían, más tarde, los cadáveres de aquellos que dieron su vida en la defensa de la tierra.
Del fundo de Burgos salió, nuevamente, el contingente policial rumbo a la sruka de Juan Acum, la primera de 18 casas a ser desalojadas y la más grande. En el trayecto la tensión aumenta con el sonido guerrero de la trutruka, que anuncia un inminente enfrentamiento…
El mayor Frías ordena a algunos hombres adelantarse y explorar el lugar. Los exploradores informan que los weichafü están concentrados en la casa de Acum y que el camino se encuentra bloqueado con grandes troncos. Con un par de yuntas de bueyes logran despejar el camino y acercarse a su objetivo. Frías ordena desmontar a quince hombres y disponerse en formación de tiradores.
La vivienda de Juan Acum se encontraba en el fondo de una ladera y rodeada de “barricadas” para impedir el paso de carabineros. Desgraciadamente estos dos factores facilitaron a la fuerza pública la acción de disparar sus fusiles Mauser, armas letales de gran alcance. La estrategia de defensa Mapuche fue la siguiente: fuera de la casa de Acum se encontraban algunas mujeres y niños provistos de garrotes para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Era previsible que carabineros trataría de capturarlos y alejarlos de la casa sin una excesiva violencia (sin disparar). Por su parte, la mayor parte de la resistencia se parapetó dentro de la casa esperando la entrada de los efectivos policiales. En total hablamos de unos 25 weichafü dispuestos a resistir el desalojo.
Según el informe del mayor Frías, leído por el Ministro del Interior el 21 de octubre de 1912 en la Cámara del Senado, los Mapunche refugiados en la casa estaban armados de “armas de fuego, otros con palos i horquetas i algunas mujeres con tiestos de agua caliente [sic]”. En el recuento de armas, posterior al desenlace fatal del desalojo, los Mapuche supuestamente tenían “cuatro escopetas, un rifle, siete cuchillos, una lanza antigua, tres machetes, dos hechonas, una hacha, un fierro largo, un martillo i cuarenta i tres garrotes [sic]”. Nos adelantamos un poco. Volvamos a la secuencia de los acontecimientos.
El mayor Frías, una vez leída la orden de desalojo, se acercó a la vivienda para ordenarles a los parapetados ocupantes que salieran del inmueble y que no se resistieran, debido a que cualquier acto de defensa sería inútil y traería fatales consecuencias. La respuesta no podía ser otra: “los indios me contestaban diciéndome que estaban todos dispuestos a morir i que ni siquiera me atreviera siquiera a atacarlos [sic]”. Así estuvo unos diez minutos hasta que dio la orden de desalojar a los “usurpadores”.
Es así como los efectivos policiales se abalanzaron sobre las mujeres y los niños que estaban fuera de la casa para retirarlos de la línea de fuego. Pero las malgen y los pichikeche, resistieron heroicamente logrando herir a algunos carabineros. Al ser detenidas algunas mujeres, salen de la casa dos wentru, los más “fornidos”. A uno de ellos, Francisco Acum, se le vinieron encima tres carabineros. Al respecto el periodista de “El Progreso” escribe: “haciendo un verdadero derroche de fuerza echó a tierra sus contrincantes, en vista de lo cual, se avalanzaron otros tres carabineros, logrando de amarrarlo después de asertarle algunos golpes en diversas partes del cuerpo [sic]”.
Según Frías y el periodista de “El Progreso”, durante la reyerta (supuestamente) se produce un disparo desde el interior de la casa que hiere en el abdomen a un sargento de carabineros de apellido Arias, en el instante preciso que recibía un garrotazo en la cabeza por parte de una malgen. No se ha podido determinar si la bala que hirió a Arias efectivamente salió de un arma disparada por algún Mapunche o fue disparada por otro carabinero en forma accidental (lo más probable). Aparte del sargento Arias, resultaron heridos otros seis carabineros por garrotazos y quemaduras con agua caliente, pero que en la balanza no representaron riesgo vital alguno.
Al ver que la resistencia Mapuche no mermaba, Frías ordena a su tropa hacer la primera descarga al interior de la vivienda. Según el mismo mayor, después de la primera descarga algunos Mapuche, armados, salen de la casa y huyen hacia el monte sin hacer fuego sobre ellos. Esto último es, por lo menos, extraño: si tenían armas para defenderse, ¿Por qué no las emplearon? ¿O es que dichas armas nunca existieron?
Frías ordena una segunda descarga. Gritos desgarradores se escuchan desde el interior de la vivienda. No obstante aquello, es probablemente que hubiera una tercera descarga, tal como afirmaron algunos testigos. Queda en evidencia que el procedimiento realizado por carabineros no corresponde a un desalojo. Lo que aconteció esa mañana fue una inmisericorde ejecución.
Una vez que cesaron los disparos, carabineros hace ingreso a la sruka de Acum. El periodista de “El Progreso” relata:
“Sobre aquel sinnúmero de cadáveres y heridos, que habían quedado tendidos en el suelo, lograron después reducirlos, comprobándose que algunos de ellos estaban heridos y, sin embargo luchaban.
La bravura de los indios, es verdaderamente innarrable, pues si una gota de sangre les queda en sus venas, la pierden defendiendo su causa.
El cuadro que presentaba la habitación, repleta de muertos y heridos era desgarrador, horroroso.
La sangre, humeante, aun corría por todas partes”.
Frías también destacó la valentía Mapuche en la defensa de su tierra, en declaraciones al periódico santiaguino “La Unión” (ligado al partido Conservador), el 30 de octubre de 1912, afirmó:
“Y la bravura de la mujer indígena es más grande aún que la de los indios. Hasta los niños! En vez de asustarse de las balas, miraban todo con la mayor impasividad… Ninguno se rindió! Qué raza!”
Una descendiente de un testigo cuenta:
“Y un viejito Acum estaba escondido en un hoyo de esa casa. Llegaron, dispararon, los mataron. Este viejito se estaba haciendo el muerto y de repente entra un teniente a taparlo, a darle un puntapié y el viejito se levanta con su palo y le planta un palo al teniente. Y en eso el teniente le mete como cuatro o cinco tiros, lo dejó allí mismo al pobrecito”.
Pasado el mediodía carabineros conducía en carreta a los muertos, heridos y prisioneros hacia la casa del usurpador Burgos, donde los heridos habrían recibido las primeras atenciones médicas. Siguieron más desalojos en las casas vecinas sin mayor resistencia por parte de los, una vez más, humillados y pisoteados Mapuche. A eso de las dos y media, la tropa vuelve a Osorno con ocho carretas que llevan prisioneros, heridos, muertos y el dolor de un Pueblo.
Como consecuencia del brutal desalojo, 15 Mapunche perdieron la vida: 8 mujeres y 7 hombres. Entre estos quince weichafü se encontraba un niño de tan sólo 11 años y tres mujeres embarazadas. No olvidemos a los 10 hermanos Mapuche que resultaron heridos en este acto de barbarie.
Me detengo aquí, un momento, para hacer la siguiente pregunta ¿Es sustancialmente distinto el procedimiento irracional, brutal e inhumano de las fuerzas policiales empleado en el desalojo descrito con el procedimiento con el que, actualmente, se realizan sistemáticos allanamientos en comunidades como Temucuicui?
Respecto al número de disparos efectuados aquel 19 de octubre, el Fiscal Militar a cargo de la investigación determinó que se efectuaron de 20 a 25. Sin embargo, tan solo los heridos tenían 24 heridas de bala sin considerar a los 15 Mapuche ejecutados extrajudicialmente. Un periodista del diario santiaguino “La Unión” que visitó Forrahue, con dirigentes de la Sociedad Caupolican (que tuvo una postura vergonzosa frente a los hechos acaecidos), contabilizó un mínimo de 60 disparos. En la edición del 21 de octubre de 1912 del periódico “La Unión” se lee:
“Las tablas de la cocina o pieza común donde se concentraron los indios han sido desprendidas o macheteadas en los puntos donde dieron los disparos, precaución tomada por los carabineros para borrar las huellas, según dijeron los indios”.
(Como el lector podrá darse cuenta, por suerte las fuerzas armadas y de orden de este país históricamente han sido tan incompetentes que al momento de borrar los indicios de las innumerables atrocidades que han cometido, siempre dejan más certezas de su actuación.)
Ahondar en los detalles posteriores y las consecuencias de lo que la historia ha llamado “La Matanza de Forrahue” es tarea del lector de estas humildes líneas. Me contento con centrarnos en el ejemplo de valor, resistencia y dignidad de los hermanos y hermanas heridos y asesinados por defender el legado de nuestros ancestros: la tierra. No pretendo hacer de esta humillante y triste derrota una épica y magnánima victoria, como lo ha hecho la historia chilena con el hundimiento de la Esmeralda y la muerte de Arturo Prat. Una derrota es una derrota. Y punto. Claro está, que hay un abismal diferencia entre ser derrotado con la frente en alto y dejarse derrotar. Pero tampoco nos vayamos a los extremos. Si bien el Pueblo-Nación Mapuche ha sido derrotado en muchas ocasiones y de muchas maneras, aún estamos vivos y tenemos muchas batallas que ganar: recuperar nuestra antigua religión, recuperar nuestro territorio ancestral y el respeto por nuestros mayores, hablar nuestro idioma, recuperar el equilibrio biológico de la Ñuke Mapu (los Pueblos Originarios somos la salvación de este planeta y la alternativa al modelo económico, social y cultural imperante), derribar los actuales conceptos de “desarrollo”, “progreso” y “crecimiento”, recuperar un estilo de vida más sano, fortalecer la familia, revitalizar el diálogo y el contacto interpersonal, recuperar la alimentación sana que teníamos, realizar más actividad física, reaprender a disfrutar de las cosas simples, y… que sé yo.
De todas las batallas que nos quedan, tenemos que empezar por la más difícil: por la interna, la del día a día. Creo que cada Mapunche está conciente de “esa” lucha interior que tiene que ganar, así que nada más diré (escribiré) al respecto.
No debemos olvidar ejemplos de lucha y dignidad como el de los peñi y lamüen ejecutados en Forrahue o el del weche Alex Lemun Saavedra, también ejecutado extrajudicialmente por carabineros de Chile teniendo sólo 17 años de edad.
No debemos parar en la búsqueda de justicia.
“Por cada Mapuche caído, diez más nos levantamos”
Fuentes:
Para escribir este remedo de ensayo me basé en la Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar, Universidad Austral de Chile. Valdivia, 1991. De esta tesis extraje algunas citas textuales, específicamente del capítulo IX, págs. 107 – 151.
Léxico:
Apo Ülmen: Cacique, máxima autoridad no militar de la organización político-judicial Mapuche en el territorio de la FütaWilliMapu (Gran Territorio Mapuche del Sur).
Lamüen: hermana (visto por el hombre); hermano, hermana (visto por la mujer).
Malgen: mujer
Mapunche: antigua denominación de identidad, de pertenencia al Pueblo Mapuche (mi laku, abuelo paterno, la empleaba).
Ñuke Mapu: Madre Tierra. En un sentido más amplio podría traducirse como “universo” (nótese las cualidades femeninas de esta entidad espiritual).
Peñi: hermano (visto sólo por el hombre).
Pichikeche: niños, “literalmente” “gente pequeña”.
Sruka (Ruka): casa
Trutruka: instrumento de viento construido con un colihue hueco, de 1,5 a 2 metros de longitud, y un cuerno de vacuno dispuesto en un extremo como amplificador de sonido (antiguamente era un trenzado vegetal). Uso ritual y bélico.
Weche: joven, “literalmente” “gente o persona nueva”
Weichafü: guerrero/a. Weichan: (verbo) luchar, batallar; -fü, -fe: morfema que indica la persona (no gramatical) que realiza la acción contenida en el verbo. Por tanto, una traducción más “literal” es “aquel que lucha”.
Wentru: hombre
Lamüen: hermana (visto por el hombre); hermano, hermana (visto por la mujer).
Malgen: mujer
Mapunche: antigua denominación de identidad, de pertenencia al Pueblo Mapuche (mi laku, abuelo paterno, la empleaba).
Ñuke Mapu: Madre Tierra. En un sentido más amplio podría traducirse como “universo” (nótese las cualidades femeninas de esta entidad espiritual).
Peñi: hermano (visto sólo por el hombre).
Pichikeche: niños, “literalmente” “gente pequeña”.
Sruka (Ruka): casa
Trutruka: instrumento de viento construido con un colihue hueco, de 1,5 a 2 metros de longitud, y un cuerno de vacuno dispuesto en un extremo como amplificador de sonido (antiguamente era un trenzado vegetal). Uso ritual y bélico.
Weche: joven, “literalmente” “gente o persona nueva”
Weichafü: guerrero/a. Weichan: (verbo) luchar, batallar; -fü, -fe: morfema que indica la persona (no gramatical) que realiza la acción contenida en el verbo. Por tanto, una traducción más “literal” es “aquel que lucha”.
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