sábado, 26 de septiembre de 2009

Forrahue, a 97 años de la Matanza (Parte I)

En esta oportunidad no haré una reedición de los textos de 2007 y 2008, pero sí intentaré clarificar algunos puntos y aportaré algunos detalles. Para ello es necesario revisar esta publicación:
En primer lugar, el “desalojo” del 19 de octubre de 1912 corresponde al segundo intento de expulsión de nuestros peñi y l'amuen del Fundo Forrahue. El primer intento, que se efectuó el día 14 de octubre, fracasó debido a la resistencia ejercida por la comunidad y que obligó el retiro de las fuerzas policiales. Ante la negativa de dejar sus (nuestras) tierras ancestrales, la prensa de la época inventó un conflicto que sólo podía resolverse por medios violentos aduciendo la existencia de armas e “indígenas sediciosos”, por tanto era necesaria la fuerza bruta para hacer cumplir la ley. Al día siguiente, 15 de octubre, una delegación de Forrahue, entre los que se encontraba Juan Acum, se dirigió a conversar con el gobernador de Osorno para denunciar los atropellos que se estaban cometiendo en contra de los Mapunche. El resultado: fueron detenidos, acusados de estar en estado de ebriedad y de portar municiones de escopeta. Paradójicamente fueron liberados antes de la masacre, para morir defendiendo su tierra.
Posterior al primer intento de desalojo el Apo Ülmen de Sragwe (Rahue), Francisco Nailef, viajó a Santiago para realizar las gestiones necesarias para impedir la expulsión de su gente. Durante su estadía en la capital del país vecino, se desencadenarían los hechos que dan origen a estas líneas.
Después de varias relecturas de las publicaciones que he subido a este blog referentes a la “Matanza de Forrahue”, me parece que no queda suficientemente explícita la intencionalidad por parte de las fuerzas policiales chilenas de asesinar a todo Mapuche que se opusiera al cumplimiento de la ley. Si bien me es imposible precisar si nuestras l'amuen y nuestros pichikeche se interpusieron en la línea de fuego o sí había mujeres y niños dentro de la casa de Juan Acum durante las descargas inmisericordes de carabineros, resulta evidente que para quienes abrieron fuego no importó la presencia de mujeres embarazadas o niños. Una masacre cortesía de la “civilización” occidental.
En la "Matanza de Forrahue" murieron al instante 13 de nuestros hermanos y dos de los heridos fallecieron días después en el hospital de Osorno, sumando un total (oficial) de 15 mapunche ejecutados sin cargos y sin juicio previo. Respecto a los nombres de los fallecidos existen ciertas contradicciones por lo que esta vez omitiré esa información.
Los cuerpos sin vida de nuestras y nuestros inkafo (defensoras/es), los heridos y los prisioneros fueron llevados a la ciudad de Osorno en las carretas dispuestas en un principio para el acarreo de las pertenencias de los desalojados. Los cadáveres de nuestra gente fueron derivados a la morgue de la policía en donde permanecieron un par de días sin que pudiesen ser vistos por sus familiares dado que carabineros prohibió el ingreso de todo Mapuche a la ciudad. El día 22 de octubre el gobernador interino de la época, Carlos Guillermo Fuschlocher, ordenó la intempestiva sepultación de los fallecidos a eso de las tres de la mañana “para evitar perturbaciones”… la humillación en su máxima expresión.
Es así como Atanasio Burgos, usurpó tierra mapuche con el amparo de la ley chilena. Sin embargo, tanto Atanasio como su hermano Onofre murieron unos años más tarde producto de su avaricia (“el que a hierro mata,…”).
En lo que respecta al procedimiento de desalojo de Forrahue, el resto de las viviendas fueron abandonadas sin incidentes.
Otro aspecto pertinente de destacar, es la posición que tomaron algunos actores de la época frente a la carnicería ocurrida en Forrahue. A continuación revisaremos algunas citas textuales, tomadas de la tesis “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar:
  • Durante una reunión realizada en la casa de Juan Acum los días 23 y 24 de octubre de 1912, Manuel Manquilef, Vicepresidente de la Sociedad Caupolicán, se dirigió a los Mapuche reunidos en Forrahue en estos términos: “…debían respetar las resoluciones judiciales, que no debían desobedecer a la autoridad, ni violar la propiedad privada como en esos momentos lo estaban haciendo. Que si algo deseaban, el señor Burgos estaba llano a concedérselos, como en efecto lo prometió allí mismo…” (Diario “La Unión”, 29 de octubre de 1912, Santiago).
  • En una carta escrita por el misionero capuchino Félix de Augusta al director del diario “La Aurora” de Valdivia, publicada en el 22 de octubre de 1912, el sacerdote se pregunta “¿No era posible encontrar medio más suaves para reducir a estos indios revoltosos a la razón i entregarlos al brazo de la justicia para penar su crimen según las leyes ordinarias [sic]” y “¿No se presentan en este caso circunstancias que disminuyan en algo o tal vez mucho la culpabilidad de los indios?”. Agrega además, “concedo que la carnicería ha sido el medio más eficaz para la inmediata solución, pero no el único ni el más humano para alcanzar el mismo fin en algo más de tiempo”. En lo que respecta a la “responsabilidad” que nuestros hermanos y hermanas tuvieron en este suceso, Augusta afirma “parece que en lo de Forrahue hay lo que frecuentemente ocurre a los indios: pierden el pleito por no haber presentado a tiempo sus testigos; y por eso han perdido allí sus terrenos irreparablemente”. La carta concluye con una crítica a los usurpadores de tierras: “Quién tiene corazón cristiano, más bien renuncia a algo de sus riquezas antes que ver morir a tantas personas o verlos mutilados para siempre” (“La Aurora”, 22 de octubre de 1912).
  • El senador por Valparaíso, Ángel Guarello (Partido Demócrata) criticó el accionar policial insistiendo en la responsabilidad del gobierno en el trágico desenlace de los acontecimientos. A su juicio “en esos sucesos existe delito, el delito de homicidio cometido por el jefe de carabineros encargado de dar cumplimiento a la orden judicial”, agregando que “no ha habido defensa legítima de parte de éstos [carabineros], porque los medios de defensa empleados por aquellos [Mapuche] no guardan relación con las armas de que disponía la fuerza pública” (“Sesión 5ta. estraordinaria en 22 de octubre de 1912”, en: Cámara de Senadores. Boletín de las sesiones estraordinarias en 1912 – 13. Tomo I, Imprenta Nacional, Santiago).
  • El diputado Veas, dirigiéndose al presidente de la Cámara dijo “… de tiempo en tiempo i sin miramiento alguno se emplean armas de nuestro Ejército para masacrar a las clases trabajadoras sin compasión; i, dada la impunidad en que quedan estas matanzas, parece que se llevaron a efecto con el aplauso de nuestras clases dirigentes, particularmente con el aplauso del Gobierno” y que a los Mapuche (indios) “se pretende arrebatarle las tierras en que han nacido i conservado con sus esfuerzos i con el heroísmo de sus antepasados”. El diputado Veas fue más allá, pidiendo que el gobierno y el parlamento tomaran medidas “… a fin de dejar tranquilos en sus tierras a esos pobres indios, instalándose en sus verdaderas propiedades. I si por alguna casualidad ellas estuvieran gravadas, bastante derecho tienen para que el Estado pague esas deudas i los deje tranquilos en sus posesiones [sic]” (“Sesión 4ta. estraordinaria en 25 de octubre de 1912”, en: Cámara de Diputados. Boletín de las Sesiones estraordinarias en 1912-13. Tomo I. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1912, pág. 76).
  • El Ministro del Interior, Barros Errázuriz, quien estuvo al tanto del proceso de desalojo desde un comienzo (ordenando actuar con “prudencia y energía”), reaccionó de la siguiente forma ante las palabras del diputado Veas: “Si los oficiales de Carabineros no han obrado con prudencia, o de una manera culpable, puede estar seguro el honorable Diputado que el Gobierno procederá contra ellos” (“Sesión 4ta. estraordinaria en 25 de octubre de 1912”, en: Cámara de Diputados. Boletín de las Sesiones estraordinarias en 1912-13. Tomo I. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1912, pág. 76).
  • El fiscal militar a cargo de la investigación, Galvarino Andrade, en su informe afirma “… los carabineros procedieron en Forrahue con absoluta corrección y sin espíritu de crueldad. Agotados los medios, pacíficos y conciliadores, solo hicieron uso de sus armas, cuando fueron atacados y tuvieron bajas en su tropa [sic]”. Asimismo respecto al oficial encargado del desalojo asevera: “Cumplió el Mayor Frías con un doloroso deber, en resguardo de ser honroso y del prestigio y majestad de la ley [sic]” (Diario “El Progreso” de Osorno, 22 de noviembre de 1912).
¿Qué se puede decir de las declaraciones anteriores?
Evidentemente, en el caso de la Sociedad Caupolicán Defensora de La Araucanía vemos una actitud de resignación y complacencia que se opone fuertemente al espíritu que tomaría dicha agrupación después de la “marcación” con fuego del peñi Juan M. Painemal el año 1913.
En lo que respecta a la posición de Félix de Augusta, vemos que el sacerdote se manifiesta contrario al uso de la brutalidad, pero jamás se refiere a la legitimidad de la resistencia Mapuche y a la ilegitimidad de la ocupación chilena.
Observamos, también, una minoría parlamentaria chilena que denuncia las atrocidades cometidas por el estado y que es sofocada por las clases más acomodadas que dirigen Chile, con la venia del gobierno de turno. Es así como los asesinos quedan impunes y el atropello persiste.
Es curioso notar que todo lo que he expuesto hasta ahora parece replicarse en la actualidad.
Quizás el lector o lectora de estas líneas se pregunte el por qué escribir acerca de hechos tan dolorosos y que ocurrieron hace casi un siglo. También es probable que más de alguno o alguna piense que el autor detrás de estas letras profesa un “antichilenismo” o la separación total de la Nación Mapuche de la nación chilena...
Creo que es importante aclarar mis motivaciones y objetivos, pero eso será en otra oportunidad.
¡¡¡Fenten mañum tañi pu weñüy!!!

Fuente: Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología “La Matanza de Forrahue y la Ocupación de las Tierras Huilliche” de Jorge Vergara del Solar, Universidad Austral de Chile. Valdivia, 1991.

viernes, 25 de septiembre de 2009

martes, 8 de septiembre de 2009

A 216 años del Tratado de Paz de 1793

Hoy, 8 de septiembre de 2009, se cumplen 216 años desde la firma del tratado de paz que marca el supuesto fin de las actividades militares entre nuestros kuifikeche yem de la Fütawillimapu y los invasores españoles.

Este acontecimiento puede ser interpretado desde muchas prespectivas, gran parte de las cuales se basan en una escasa información o datos distorcionados. Es por ello que esta vez no daré mi opnión al respecto... sólo aportaré (otra vez) con algunos antecedentes para que cada peñi y lamüen se forme su propia opinión informada acerca de la relevancia histórica del conocido -pero incomprendido- "Tratado de Las Canoas".



Entonces, a informarse y a entender.

viernes, 28 de agosto de 2009

Küla wasranka wütran mülepai kiñe tripantu mo: 3.000 vistantes en un año

Desde que me lancé al mundo de internet a mediados de 2007, este blog ha sido una forma de poner en discusión temas que me parecen relevantes e, incluso, trascendentales para la preservación y desarrollo de nuestro Pueblo-Nación Mapuche. En un principio busqué información de muchos sitios y páginas web para difundir principalmente comunicados y documentos relacionados con derechos humanos, a los cuales agregaba alguna opinión personal...

Con el tiempo me fui centrando en mi fütalmapu, ancestralmente llamado Fütawillimapu. Es así como me propuse generar información propia y ponerla a disposición de todo aquel que buscara en internet acerca de nuestra historia y realidad como Mapuche Williche. Me parece oportuno aclarar que el hecho de que ahora no incluya comunicados o noticias de otros territorios no significa que dicha información haya perdido importancia para mi… El tema de fondo es que como Mapuche del territorio del sur hemos quedado relegados, ocultos y, a veces, olvidados por nuestros mismos hermanos de otras tierras.

Cuando nos planteamos la idea de una reconstrucción como pueblo y como nación preexistente al estado chileno y argentino, hay que estar concientes de que cada territorio tiene sus propios procesos históricos, formas de hablar el Idioma Mapuche, particularidades en los ritos, formas de organización y costumbres, dentro del marco de la existencia de una sola nación (kiñe mollfün müten). Son estas particularidades territoriales las que nos han permitido sobrevivir hasta ahora y son dichas diferencias las que nos permitirán persistir en el tiempo. Son nuestra riqueza y nuestra fuerza.

Quien no esté de acuerdo con la idea anterior probablemente pensará que homogenizar la lengua, las prácticas rituales y la organización política es el camino obvio para nuestra reconstrucción. Muchos dicen “tenemos que estar unidos, ya es hora de acabar con las diferencias”, pero la homogenización va contra todo principio de organización mapuche. El punto es saber apuntar los esfuerzos hacia una misma dirección, reconstruir nuestros sistema de alianzas y, como dicen muchos peñi, “sacarse la maña de andar figurando”.

Es en base al convencimiento de que en nuestras diferencias internas está nuestra riqueza y nuestra fuerza, es que dedico parte de mi tiempo a divulgar nuestra información “williche” para que, aparte de mis coterráneos inmediatos, también hermanos y hermanas de otros territorios alejados conozcan realidades diferentes dentro de nuestra única y gran nación. Como dice un peñi nagche que se radicó en el territorio wenteche “tenemos que conocernos y respetarnos”. No podría estar más de acuerdo.

El único "pero" que podría agregar esta actividad no remunerada de seudo-periodista, seudo-historiador, seudo-lingüista, etc., es que la información que subo a la web no llega a las comunidades, sólo llega a los kasrache (gente de la ciudad). Tenemos, entonces, el gran desafío de llevar información y noticias a nuestras müchuya (lof de otros territorios).

Para finalizar, agradezco a los 3.000 wütran que en este último año han visitado este humilde espacio que no tiene mayor pretensión que difundir un poco de información acompañada, como no, de un poco de salsa de “Millalikan”.

Fenten mañum, tañi pu wenüi... Muchas gracias, mis amig@s.

Salvador R. C.

Diálogo (inconcluso) entre un mapuche y un taxista

Si bien no opto por difundir opiniones que no sean mías, he de confesar que hace mucho tiempo no disfrutaba una publicación que representara tan bien mi visión de nuestra historia, presente y potencial futuro como pueblo Mapuche, a lo que agregaría la emocionalidad y cercanía de la historia relatada por el autor.

Invito a todos mis peñi y lamüen a leer y meditar las siguientes líneas escritas por el peñi Pedro Cayuqueo:

Aeropuerto Maquehue. Tras dos semanas fuera de Chile arribo a Temuco. Llueve a raudales, como casi siempre. Abordo un radiotaxi rumbo al centro de la ciudad. “Mala cosa esto del clima... apenas pudo aterrizar su vuelo”, me dice el taxista, tratando de entrar en conversación con tal vez su primer cliente del día. “No lo crea”, le respondo. “Donde estaba hace unos días no paraba de transpirar... hasta cierto punto extrañaba la lluvia y el frio”, agrego. Intrigado me pregunta de dónde vengo. “De Bolivia, específicamente de Santa Cruz, en el oriente”, le respondo. “Ahhh... mire usted, Bolivia... es allá donde tienen un indígena de Presidente, ¿cierto?... ¡ese que lesea con el temita del mar!”, agrega. ¿Qué piensa de Evo Morales?, me pregunta. Le explico que en Bolivia hay diferentes visiones sobre su mandato y su figura. Cuando estoy a punto de dar la mia, interrumpe. “Fijese que aquí en Temuco también los indios andan alzados... todos los dias lesean, se toman los fundos, cortan los caminos, se agarran con Carabineros... ¡que gente más ociosa!, si les entregaran las tierras ni sabrian que hacer con ellas, sería como entregarle una locomotora a un niño... ¡si está gente nunca ha trabajado, son flojos, asi es su naturaleza!”, sentencia. Cinco, diez... quince minutos de viaje y la charla del taxista no cambia de tenor. “¡Si ya está bueno que la corten!”, subraya con evidente indignación. Intento a ratos que el monólogo de pie a una conversación, pero no hay caso. El viaje llega a su fin. “¿Cuánto le debo?”, pregunto. “Son tres mil pesos mi caballero... y aquí tiene mi tarjeta, pa’ la próxima”, me dice amable. Descargo maletas y me despido. Y ya rumbo a casa, respiro.

Pasan los días y la conversación con el taxista ronda en mi cabeza. Me alarma un hecho en particular. No se trataba en absoluto de un neonazi criollo. Nada de corvos tatuados en el antebrazo, nada de esvásticas, ninguna marcha alemana en la radio. Si multitud de fotografias de nietos (por su edad, sospecho), la Virgen del Carmen al costado del retrovisor y una calcomania algo desgastada de Deportes Temuco en el parabrisas trasero. Más moreno que muchos mapuches, sus rasgos delataban además un mestizaje familiar de larga data. Un chileno común y corriente en definitiva, amante de su familia y a sus años todavía esforzado trabajador. ¿Dónde situar el origen de su racismo? ¿en su educación? ¿entorno social? ¿experiencias de vida?... ¿en los medios de comunicación? Concuerdo que El Austral de Temuco puede alterar la percepción de la realidad, pero ¿tanto como transformar a un querendón abuelo taxista en un potencial miembro de los Trizano? No es el único, por cierto. Sospecho que decenas, cientos, miles de personas de similares ideas transitan a diario por las calles de Temuco. Y millones lo hacen por todo Chile. No son personas intrinsecamente perversas. Si algo esquizofrénicas. No lo digo yo, lo grafican las encuestas. ¿Considera usted que el Estado está en deuda con los mapuches? Si, un 82 %. ¿Considera usted que el Estado debiera tomar medidas más drásticas contra los activistas mapuches? Si, un 76 %. ¿Debiera el gobierno aplicar la Ley Antiterrorista a los activistas mapuches? No, un 67% (Sondeo del Centro de Encuestas de La Tercera, Septiembre de 2008). Si, si, pero no. No, no, pero si. Discriminación "a la chilena".

¿Qué hacer al respecto? ¿Pasar a la ofensiva? ¿A cada insulto racista responder con otro de mayor peso y calibre? Alguna vez crei que este era el camino, lo reconozco. Ese tiempo ya pasó. No queda más que insistir en la oportunidad que otorga la palabra. O las letras, en este caso. Qué ganas de llamar al taxista y cual Barack Obama en el patio de la Casa Blanca, abordar nuestras diferencias junto a una ronda de cervezas. Explicarle tal vez que mi bisabuelo, el lonko Luis Millaqueo, nació en un País Mapuche libre e independiente, cuando Chile aquí no era Chile y Temuco tan solo un palabra más en nuestra lengua. Contarle que fue el cuarto hijo de una familia de prósperos comerciantes ganaderos del valle del Cautin. Y que tras la invasión chilena fue arrinconado en un pedazo de tierra junto a los suyos, ello tras despojarlo el Ejército de los caballos que a sus 25 años ya comerciaba en sendas caravanas a Puelmapu, la “tierra mapuche del este”, el actual Neuquen de la República Argentina. Contarle que de miles de hectáreas, al bisabuelo le “redujeron” sus tierras a miserables 340. Es lo que consigna el Título de Merced, fechado en 1904 y que legalizó el saqueo, el despojo y la miseria de quienes sobrevivieron a la derrota. Sin eufemismos, esos retazos de tierras fueron llamados "reducciones" por la ley chilena. Se crearon más de 2 mil, bien lo sabe el Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, que por estos días usa aquella cifra ante los medios para minimizar la cantidad de mapuches movilizados en el sur. “Son solo dos o tres comunidades dentro de un grupo de más de dos mil las que han optado por el camino violentista”, ha repetido hasta el cansancio.

Contarle al taxista que aquello que Pérez Yoma denomina “comunidades” son precisamente las “reducciones” donde los Pérez Yoma de la época encerraron a gente como mi bisabuelo y su parentela. “Comunidades” las llama el ministro y nosotros muchas veces también, olvidando que fueron (y tal vez siempre serán) grises campos de refugiados. Contarle también que tras la muerte del bisabuelo, mi chedki (abuelo materno) Alberto asumió como lonko, heredando no solo el cargo, también la condena de no poder ser más que un campesino pobre. Contarle que el abuelo pasó gran parte de sus 76 años, sin saber leer ni escribir, recorriendo juzgados y oficinas públicas, falleciendo de cáncer y de pena una lluviosa mañana de julio de 1990. Al igual que su padre, el abuelo Alberto buscaba inútilmente recuperar parte de lo robado y así proyectar un mejor futuro para sus 13 hijos. No logró reparación alguna y en el esfuerzo se le fue la vida. Contarle que Jacinta, la mayor de sus hijas, era su regalona. Y que sufrió mucho al dejarla partir, a sus 17 años, a Santiago en busca de trabajo y posibilidades de estudio. Contarle al taxista que Jacinta, joven culta, brillante y buenamoza, sería mi madre. La misma que no dudaría en desechar una beca a Estados Unidos con tal de aportar a la educación de sus hermanos, trabajando de sol a sol como empleada doméstica. Y que allí, en el destierro hostil de la capital, siendo una veinteañera, conoció a mi padre y que allí, entre días libres ella, días franco del regimiento él, se acompañaron, se enamoraron y, a la primera oportunidad, no dudaron en regresar juntos al sur, a su tierra.

Y que de esa unión, ya en los 70', nacieron Maria Elena, Alejandra y el pasajero que aquel día de lluvia recogió en el Aeropuerto. Contarle que Jacinta, aun enviudando poco después del retorno, se esforzó por transmitir a cada uno de sus hijos la disciplina del estudio y la ética del trabajo. También el amor por su cultura y el respeto hacia su pueblo. No le resultó fácil y sus manos, atrofiadas hoy tras tanta amanecida cociendo ropas ajenas, son el testimonio de su sacrificio. Contarle que Maria Elena, la mayor, vive en Londres hace 15 años; que Alejandra, la regalona de papá, destaca hoy en el campo de la medicina. Y que su pasajero transita por la vida como profesional del periodismo. O de la comunicación más bien dicho, pues entre “informar” y “poner en común” trato siempre de optar por lo segundo. ¿Será posible que usted y yo hagamos ese ejercicio, el de “poner cosas en común”?, preguntaría al taxista. ¿Será posible para usted ponerse en mi lugar y en el reconocimiento de la dolorosa historia que hoy comparto, respetarme y convivir juntos? ¿Existirá un sueño compartido entre los suyos y los mios que nos permita tratarnos como iguales en nuestra diferencia? Tal vez si exista. Tanto usted como yo adoramos por igual a nuestros hijos. Tanto usted como yo deseamos por igual una mejor vida para nuestras familias. Tanto usted como yo quisieramos vivir en una región en paz. Tanto usted como yo, incluso, deseamos que Deportes Temuco tenga mejor suerte esta temporada ¿Será posible entonces poner el acento en lo que nos une y no en aquello que nos fragmenta? No me responda de inmediato. Antes quiero que me hable de usted, de sus padres, sus abuelos, conocer también retazos de su historia. Atrévase, no tenga miedo. Las próximas cervezas corren por mi cuenta, le diría.

Videos de YouTube